() Las microficciones de Manuel Barroso

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Las microficciones de Manuel Barroso se hospedaron juntas en una habitación.  Es un poco orgiástico, pero divertido.

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Un nudo borromeo se construye con tres aros que no están amarrados entre sí, pero están unidos. Cualquiera de los tres aros puede estar en el centro y en el momento que se separa uno de los tres, los otros dos se separan también.
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Escena 1940.
Sobre cómo acabar con el progreso.
Toma amplia. Beethoven de fondo, El himno a la alegría. Un hombre sentado en un banco de madera. El hombre debería ser blanco, pero la anemia, la falta de sueño, el polvo y su sangre se mezclan en su lienzo y hacen indeterminable el color. El uniformado sube el volumen de la música. Extiende, a la fuerza, los dedos del hombre sobre la mesa. Saca una Gillette y la entierra bajo la uña del pulgar del hombre. El hombre aprieta los labios. El uniformado aclara que prefiere a Beethoven sobre cualquier otro. La uña se desprende del dedo cual corcholata. El hombre llora, no grita. El uniformado inserta la Gillette bajo la uña del índice y Beethoven acompaña alegremente.
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El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro. El tiempo vale oro…
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I hate my (stories) rhymes, but hate everyone else’s more!
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Los coches son un asco. Los celulares son un asco. La tele es un asco. Las computadoras son un asco. McDonald’s es un asco. El talco es un asco. La heroína es un asco. Las oficinas son un asco. Dante es un asco. Picasso es un asco. El cine es un asco.
Lo dejaré todo y me haré jinete de Rohan.
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Buenas tardes, hermosa señora. He venido a destruirla.
Espero que no se asuste. Sé que es nuestra primera cita y no quiero que me tome por uno de esos maniacos que abundan por las calles. O por un descarado. Dios quiera no me tome por un descarado. Sólo procuro aclararle la realidad de nuestra situación y la razón de los cinturones que la mantienen en la silla. Verá, sucede que desde hace tiempo me encanta ver sus ojos, pero como están en su cabeza no puedo tenerlos conmigo. Sucede que amo ver su cabello cuando cae, pero como usted no va conmigo por la calle, no puedo verlo cuando quiero. Sucede que muero por ver la piel de sus senos, pero como nunca me la ha mostrado, sólo me queda adivinarla y eso es tristísimo. Sucede que quiero ver el interior de la caverna en su entrepierna, pero como no la abre para mí, no me queda más que desearla y eso me deprime.
Por eso todo esto. Por eso las tachuelas, para sacarle los ojos del cráneo. Por eso el machete, para destazarle cada pelo del cuerpo. Por eso el rallador, para tener toda su piel. Por eso la navaja, para herir su fiera carne, sacar su profundidad a la luz y poder contemplarla como la contemplo a usted.
Ahora, por favor, procure no moverse, querida mía. La primera vez siempre duele un poco.
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Bataille iba a veces a los toros. Un día vio cómo un torero moría por una cornada que le atravesó la cabeza sin que su párpado pudiera defenderlo. Después de eso, comenzó a escribir La historia del ojo.
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Decir “hijo de perra” no es un insulto, sólo es una imprecisión taxonómica.
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¿Cómo sería una novela hecha por Tchaikovski?
¿Cómo sería un cuadro pintado por Nauman?
¿Cómo sería una escultura hecha por Hitchcock?
¿Cómo sería una sinfonía escrita por Breton?
¿Cómo sería una pintura hecha por Musil?
¿Cómo sería un edificio hecho por Nikolais?
¿Cómo sería una coreografía montada por Hitler?

microficciones hitler-baila
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Di algo, carajo. Dibuja, escribe algo. Lo que sea, puta madre, lo que sea. Pon algo, pon algo, pon algo, pon algo pon algo pon algo pon algo pon algo ¡YA!
Sólo quiero que no haya vacío, ¿es mucho pedir?
¿Soy el único, acaso? ¿Qué ustedes no tienen miedo también del vacío? ¿Qué no se hablan, no hacen, ponen el radio, dicen, se mueven para no escuchar el vacío, para no sentirlo? ¿Qué no usan Twitter y Facebook para eso? Escriben un grito en un cuadrito que sueltan al mar cibernético, a ver quién lo lee, a ver quién les contesta.
No puedo creer que sea el único, que ustedes no sientan el hueco en el pecho, la angustia del espacio en blanco. Creo que por eso se inventó el cigarro, para tratar de llenar con humo el hoyo negro que surge en el pecho.
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¿Cómo maquilo un cuento del vacío?
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A la entrada de Auschwitz, los agentes de la SS pusieron un letrero. Hier ist kein Warum.
“Aquí no hay ningún porqué”.
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No existe nada más terrible, más monstruoso, más desolador, más cruel, más horrible, más doloroso, más horripilante… que lo que no puede ser narrado.
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Un nudo borromeo se construye con tres aros que no están amarrados entre sí, pero están unidos. Cualquiera de los tres aros puede estar en el centro y en el momento que se separa uno de los tres, los otros dos se separan también. Siempre, entre ellos, va a quedar un vacío, algo indescriptible, inenarrable.
Algo muy parecido a la muerte.

 

Manuel Barroso (D.F., 1990) estudia Literatura latinoamericana en la Ibero, donde también trabaja en dos proyectos de investigación. Ha publicado reseñas en revistas impresas y electrónicas. En su blog, Papeles del desenterrador, comparte su lectura de lo que se escribe en México hoy día.

Cuentos suyos fueron incluidos en la antología Cacería de letras, coordinada por Beatriz Escalante. Lee como poseso y, cuando logren crearlo, consumirá Hielo Negro por el resto de sus días.

Un comentario sobre “() Las microficciones de Manuel Barroso

  • el septiembre 12, 2013 a las 1:41 am
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    Estoy impresionada con este microcuento.

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