Cuento: Finalmente

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Para Laura Zenith Neri Ortiz.

Finalmente, aclaré a nuestros amigos mutuos lo que hubo entre nosotros.

Era necesario. Habían terminado por dividirse entre los que creían que me rompiste el corazón sin piedad, y los que suponían que te acosé intensamente durante varios meses. Comencé por aclarar que no me rompiste el corazón, sino que por el contrario, lo tomaste entre tus manos, le limpiaste el polvo del desuso, lo acariciaste, y me lo devolviste no sin antes cerciorarte que latiera fuerte otra vez. Y que fui yo, el que sorprendido de tenerlo de nuevo en mi poder (uno nunca se lo espera cuando lo entrega), todavía tibio del contacto con tu piel, lo dejé escapar de entre mis dedos y fue a dar al suelo para quebrarse en mil pedazos, con la mala suerte de estar yo parado sobre una coladera en esos momentos. De lo que pude salvar, apenas formé medio corazón. Y siete años anduve con mi ser incompleto (sí te interesa puedo contarte, otro día, cómo completé el ventrículo izquierdo al cabo de ese tiempo) y me tuve que abstener de practicar cualquier deporte.

Los trozos que no hallé vagaron por alcantarillas y desagües durante varios meses. Contemplaban a las mujeres en la ducha a través de sus coladeras, incluso, de vez en cuando, a alguna pareja húmeda bajo la regadera (mi corazón era originalmente ciego, pero la necesidad de insensibilizar el olfato y el tacto en las cloacas agudizaron sus otros sentidos). Varios pagaron su curiosidad cubiertos de mierda. Muchos fragmentos encontraron su fin entre los dientes de alguna rata, pero la gran mayoría se endureció lo suficiente para atravesar el sistema digestivo de cualquier roedor.
Algunos encontraron su camino hasta el mar y curaron con sal sus heridas.

Precisamente esto me lo contó un pequeño trozo puntiagudo que encontré en mi reciente visita a una famosa playa venida a menos. Era un fragmento risueño y bonachón. En todo este tiempo, él había sido el responsable de mantener un vínculo entre todas las piezas de mi corazón, insistiendo en que les contara en cada oportunidad sus correrías por las coladeras, los ríos y los mares en que fueron a dar (aparentemente, uno llegó hasta Laguna verde y evitó un desastre nuclear. Quiero creer eso, porque la parte exagerada de mi corazón definitivamente se quedó conmigo), y llevando un riguroso conteo de los fragmentos que habían dado señales de vida al final del año.

Lo reincorporé a mi pecho (¿Te puedes imaginar lo difícil que es hacerle esto alguien acostumbrado a viajar?), y seguí contemplando el mar.

corazón roto

Los primeros meses estuvo insoportable: organizó varios intentos de fuga. En el más reciente, casi nos mata obstruyendo la arteria carótida.

Se tranquilizó un poco en cuanto empecé a viajar tratando de mantener el contacto con mis viejos amigos, insistiéndoles que me contaran sobre sus correrías por la ciudad, y contando las de los demás en cada oportunidad.
Sin embargo, sospecho que ha vuelto a las andadas, esta vez con un plan más elaborado: de un tiempo acá, siento mucha necesidad de verte.
Christian Pastor Cruz Molina

14 comentarios sobre “Cuento: Finalmente

  • el abril 22, 2012 a las 3:50 am
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    "Algunos encontraron su camino hasta el mar y curaron con sal sus heridas"

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  • el abril 26, 2012 a las 12:13 am
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    Me pareció un poco extenso, creo que lo de las alcantarillas y todo eso estuvo de más… la idea del corazón entristecido es original, muy dramático, como si fuera para uno la dedicatoria. ¿Te montaron los cuernos?

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  • el abril 28, 2012 a las 4:52 am
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    MUY BUENO…

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  • el abril 30, 2012 a las 6:22 am
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    Me gustó… Jamás hab¡a reparado en el destino de todos aquellos fragementos de un corazón destrozado. Que original.

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  • el mayo 11, 2012 a las 9:02 am
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    Original al plantear los males del corazón con los que cualquier persona puede identificarse

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  • el julio 11, 2013 a las 11:54 pm
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    Me gusta la idea de el destino de un corazón roto.

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  • el julio 12, 2013 a las 1:35 am
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    Me atrapó al decir que "Comencé por aclarar que no me rompiste el corazón, sino que por el contrario, lo tomaste entre tus manos, le limpiaste el polvo del desuso, lo acariciaste, y me lo devolviste no sin antes cerciorarte que latiera fuerte otra vez." Así relata quien disfruta el amor antes de los irreparables daños

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  • el agosto 4, 2013 a las 3:30 pm
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    me gusto, simple y con lenguaje sencillo, buena historia para aquellos riesgos colaterales que implica el amor

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  • el abril 9, 2015 a las 8:22 pm
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    Primera vez que leo algo tuyo, men. Kudos!

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