Calle adentro

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Siempre me sorprendió ver a aquellos vagabundos bien vestidos. Pantalones grises

entallados, camisa blanca debajo de sus impecables sacos negros, todos con un pañuelo en

el bolsillo, de distinto color para poderlos diferenciar. Fuera de aquella atrevida vestimenta

eran unos vagabundos cualquiera: cabello sucio y largo, barba crecida, olor fétido, manos

gruesas y enmohecidas decoradas con unas uñas largas y repletas de comida putrefacta.

Además de los heroicos gorritos contra el frió que representan un cuasi lugar común para

cualquier habitante de ciudad.

Se hacían llamar los súper escogidos y caminaban calle adentro para merodear las

casas cuando se quedaban solas. Los descubrí un día de asueto cuando los vecinos habían

salido de la ciudad. Con cuidado para no ensuciar sus ejemplares vestidos treparon por la

barda hasta lograr someterla sin mayores apuros. Desde mi ventana pude observar como se

paseaban delicadamente por la propiedad ajena, probándose los vestidos de mi vecina y

criticando su mal gusto. Bebían alcohol de baja calidad adquirido por ellos. No puedo

asegurar que los súper escogidos no se hayan robado nada pero por la actitud que

demostraron fue sana y agradable, inclusive pude observar como se deshacían de sus finos

zapatos en la entrada para no contaminar el ambiente preestablecido.

Por tres días pude escuchar sus voces burlándose del mal gusto de mi vecina, no

sólo por su ropa, si no por su decoración y sus malos hábitos alimenticios.

Un par de semanas después la vecina recibió un sobre con fotos de los vagabundos

señalando los artículos de peor gusto con sus penes erectos además de una breve

descripción de las peores prendas en su guardarropa. A pesar de que la vecina intentó

levantar un acta, esta no procedió debido a que en ninguna foto aparecía la cara o algún

otro rasgo característico de ninguno de los extravagantes vagabundos.

Antes de salir aquel fin de semana, deje mi mejor ropa en el armario. Mi liguero y

medias perfectamente acomodados, forre mis ganchos con satín y tire la odiosa colección

de tacitas de porcelana que mi madre se ha empeñado en regalarme. Espero ansiosa el

reporte de los errantes bien vestidos.

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Astrid Novamendi

(Guatemala, Guatemala. 1939- ) De origen guatemalteco
y padres disidentes Astrid Novamedi o Astrid Novamendi es probablemente la invención de algún escritor mexicano de poca monta.
Su obra es poco difundida y escasa. Escribe entre crisis nerviosas y risas de los vecinos.

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