Soy un buen sujeto

Soy un buen sujeto.

Nada excepcional, trabajo como muchos y pago impuestos. No me desvelo, no tomo, hago ejercicio y soy vegetariano.

Soy educado, contador, estudie en una universidad católica. Soy hijo de familia acomodada, criado por una madre viuda, una abuela agria y dos tías solteronas. mordiendo la almohada Me miro en el espejo, no soy mal parecido, quizá un tanto flacucho y pecoso, pero sin duda tengo el porte de mi padre.

No comprendo porque me cuesta tanto trabajo conseguir una cita, que una mujer se interese en mi. Quizá soy muy tímido, quizá mis pasos proyecten la inseguridad de una crianza sobreprotectora. Eso no le gusta a las mujeres, lo leí en un revista masculina.

Por eso cada viernes vengo a este burdel, me siento en la misma mesa. Espero por Melisa, ellas muy blanca como yo, y huele a perfume, no al perfume caro de mamá, aun perfume dulzón que combina bien con su piel desnuda y mi magra carne.

Melisa es imaginativa, me dice que hacer, siempre he hecho lo que me dijeron las mujeres de mi vida. Melisa finge sus orgasmos, lo sé, pero aun así me derrito cuando me dice gimiendo “oh sí bebe”.

Melisa no me ama, pero fantaseo con ser el dueño de su cariño, me siento viril con ella, soy un hombre a su lado. Yo no voy al psicólogo para que me diga que estoy mal. Yo vengo a un burdel a sentirme vivo los escasos segundos de mi orgasmo.

Miguel Perez.

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