Espera al final de un callejón

 

Calle adentro, Manuel camina borracho, tambaleándose y deteniéndose en paredes movedizas. Parece no haber esquina. Al fondo alcanza a divisar algo: una esfera se levanta. En menos de un parpadeo está frente a él.

— ¿Qué onda? —balbucea Manuel.

—Te amo —dice la esfera mientras expulsa un destello—. Te amo, te amo, te amo.

— Estoy bien pedo, no entiendo, no te conozco. ¿Qué quieres?

—Te amo.

— ¿No sabes decir otra cosa? ¿Qué chingados eres?

La esfera explota en mil pedazos. Una mujer desnuda yace en el piso. Cuando Manuel la trata de levantar, se le resbala de entre las manos a causa de una sustancia viscosa que la cubre toda. Retoma fuerzas y la sostiene en brazos.

—Te amo —dice Manuel, excitado.

Los ojos de la mujer hipnotizan. Manuel quiere besarla. Mareos. Es tiempo de soltar el veneno. Manuel cae como una fotografía polaroid. Los amores de segunda mano nunca le cayeron bien.

Después de alimentarse, satisfecha, la mujer regresa al final del callejón. Brilla.

callejon

Néstor Robles

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